Si hablamos de herramientas, cuantas más, mejor. A mayor calidad, mejor todavía. El espacio es el que manda. Las herramientas de mano pueden situarse en el taller de dos modos. El primero es el “todo visto”, es decir, el clásico panel con todo bien colgadito, versión casera o fabricado al efecto con accesorios para colocarlo todo. El segundo modo es el “todo guardado”, cajones bien ordenados con la herramienta dispuesta en su interior.
Al final, todo ha de estar en su sitio, con lo que es casi indiferente desde el punto de vista de la ergonomía. De ambas maneras tenemos que tenerlo todo muy, muy al alcance de la mano. El gran inconveniente del sistema “todo visto” es que se convierte en un almacén de polvo perfecto y tendremos a la vista elementos que tal vez usemos muy infrecuentemente, por otra parte, la localización es más rápida. El aspecto desordenado es inevitable. Por lo dicho yo prefiero el sistema cerrado, que aunque haya que abrir más cajones, el aspecto del taller es más similar a lo que debería, es decir, un quirófano, o una dependencia de la McLaren. Situaremos los elementos ordenados por grupo de trabajo y éstos por frecuencia en el uso. Ejemplo: grupo de material de corte, cuchillas, sierras pequeñas, punzones, etc. más a mano que, pongamos herramientas de uso ocasional, como alicates de hacer “z”, o herramienta específica para bisagras. Más cerca ha de estar el material rotatorio, es decir, todo lo correspondiente al mini taladro eléctrico, para taladrar , fresar, limar... También el material de medida, reglas de todo tipo y calibres. Otro cajón cercano para alicates, destornilladores, martillos y llaves pequeñas.
Encima de la mesa, personalmente sólo dejo el cubilete de lapiceros, bolis y rotuladores, y otro cubilete con mis limas de uso corriente.
En otro mueble o un poco más apartado pueden estar los elementos de uso corriente pero no tan habitual. En mi caso separados según este criterio:
Soldar: soldadores y soportes, todo tipo de termorretráctiles, estaño y plata.
Elementos de fijación: bridas de nylon, velcros, cintas adhesivas y aislantes. Transmisiones: barras roscadas, rótulas, chapas…
Más separado del punto de trabajo, una zona de cargadores y baterías. Conviene que tenga una cierta elasticidad de colocación, pues siempre habrá modelos en los que las baterías sean de difícil extracción y las carguemos en el propio modelo. Las baterías las separaremos según su estado, uso y antigüedad, de manera que nos sea fácil poderles dar el mantenimiento adecuado. Una referencia visual rápida es muy adecuada, como puede ser poner en el cable de la batería una pinza de tender verde en las cargadas y roja en las descargadas. También una etiqueta con su capacidad verificada o su historial es muy interesante.
Un aspirador de mano, por el precio que tienen y por no ensuciar el de casa y no hace falta una calidad exagerada, es imprescindible para no inhalar toda la madera o la química que llevan nuestras criaturas.
Si es posible, el combustible lo prepararemos o almacenaremos en otra dependencia, lejos de niños o materiales inflamables y donde no pueda ser confundido con por producto, siempre bien etiquetado.