Carlos Ibañez, experto piloto de grandes maquetas, se encontró ante esta tesitura al adquirir un Mibo A10. Decidir la motorización para un avión de grandes dimensiones es complicado. Y para correr el menor riesgo posible tomó una sabia decisión.
Estamos hablando de un avión de 25 kilos y 3 metros de envergadura. En el extremo inferior del abanico de lo posible, está el colocar dos turbinas de 9 Kg. La ventaja está en el peso, que dado dónde van colocadas, en el tercio posterior del fuselaje, nos hará lastrar poco el morro. Obtendríamos ahorro de peso, tanto en turbinas como en contrapeso. También ganamos en autonomía, por su menor consumo. El vuelo sería más real, por la relación peso-empuje más real y volaría más despacio.
Pero, ¿qué pasaría si se parara una turbina? Esta consideración me pone los pelos de punta sólo con pensar en esa posibilidad, y me lleva directamente a colocar un par de turbinas de 12 Kg. de empuje de modo que, si una se para, con la otra, al menos, intentaremos llegar a la pista. La inversión realizada y la envergadura del proyecto así lo aconsejan. La buena superficie alar y el tamaño del modelo espero que absorban sin problema el sobrepeso. Después de ver volar el A-10 del gran Ali Machinchy en el Jet Power del pasado año, veo que este modelo puede cargar sin rechistar un sobrepeso enorme, al estar el de este magnífico piloto equipado con dos 160, aunque colocadas muy adelantadas. Exactamente lo que hace el real, calculado para cargar enormes cantidades de armamento. El aumento de peso en la retaguardia se compensa con baterías grandes en el morro y con un cockpit a escala que pesa lo suyo, y que incluye: pilotito que acciona su palanca de gas mediante un servo mezclado con las turbinas y luz en los instrumentos del tablero de mandos.